La joven tiene hoy 22 años y el denunciado es su primo 15 años mayor. Luis Cáceres es pastor de la Iglesia Evangélica Centro Cristiano y era su referente espiritual en la comunidad religiosa que tiene otros cuatro centros en la provincia. A raíz de esta denuncia otros hechos salieron a la luz. La defensa pidió la detención inmediata del acusado.


A.M. era una niña cuando “Lucho”, su primo, empezó a abusarla dentro de la misma iglesia que era de los padres de él. Ella tenía 12 años y el 27. Era su líder espiritual en la Iglesia Centro Cristiano que funciona en el barrio capitalino Shincal. “Me decían que tenía el espíritu de Jetzabel, que yo lo había provocado”, cuenta la joven citando al personaje bíblico de la prostituta que perseguía a los profetas de Dios y era símbolo del pecado.

En septiembre de este año la joven denunció a Luis Cáceres en la justicia provincial, luego de seis años y mucha angustia contenida. La causa caratulada como abuso simple agravado por ser cometido contra una menor está radicada en el Juzgado de Violencia de Género y Protección de Menores, a cargo de la jueza Gabriela Asís. Esta semana Cáceres debía declarar pero no se presentó, y la defensa de la joven solicitó la detención por el peligro de fuga.

La familia pastoral tiene en total cuatro iglesias en distintos puntos de la capital riojana (zona del Autódromo, barrio La Florida y en micro centro) y uno en Chilecito.

Iglesia Centro Cristino (Calle Maipú del B° Shincal)

EN EL NOMBRE DE DIOS

Los hechos denunciados se habrían cometido durante seis años cuando A. se vino a la capital riojana desde Nonogasta, tras la muerte de su padre. Ni bien llegó pasó a ser parte de la comunidad religiosa de sus tíos, los padres del presunto abusador que son reconocidos pastores y dueños del Centro Cristiano. Allí Luis «Lucho» Cáceres era en ese entonces uno de los líderes juvenil y espiritual, y trataba todo el tiempo con adolescentes.

“Yo empecé a notar que los abrazos que me daba eran distintos, me apretaba muy fuerte, pero como era muy chica no sabía si eso que sentía era así o no”, relata A. sobre el primer tiempo cuando siendo una nena comenzó a notar el comportamiento “extraño” de su primo.

La mayoría de los abusos denunciados ocurrieron en el interior de la radio que tenía la Iglesia de la calle Maipú (dial 88.7 Nueva Generación), donde casi siempre estaban solos y no había testigos del delito.

“Uno de los hechos que más me marcó fue a los 16 años cuando una noche de año nuevo me pidió que lo acompañara a comprar en la moto; me llevó a un callejón muy oscuro cerca del centro, ahí nos bajamos y me obligó a besarlo y a tocarlo, luego empezó a abusarme”, relató la víctima. A partir de ese hecho los abusos siempre fueron en el interior del auto: “me ponía boca abajo contra el asiento y me abusaba, y todo el tiempo me decía prima”, relata.

Después vino la manipulación en el nombre de Dios: “me decía que Dios me iba a perdonar por lo que hacía, porque según él yo era la que accedía. Incluso él oraba por los jóvenes y pedía perdón por mi. Me decía que no diga nada, que este era nuestro secreto”.

Cuando A. habló por primera vez fue para contarle a su madre y allí la mujer lo planteó ante la familia religiosa, donde la madre del presunto abusador es su hermana. “Lo apañaron, dijeron que yo lo provocaba siendo que era una nena y ni siquiera estaba desarrollada. Nos pidieron que no digamos nada porque íbamos a destruir la iglesia”, recuerda la víctima.

POSEÍDO

El delito que se le imputa a Cáceres es abuso sexual simple que se agrava por ser ella menor de 13 años cuando empezaron los hechos denunciados. Además se contempla el inciso “F” del artículo 119 del Código Penal que refiere la “convivencia preexistente” y prevé una pena de 8 a 20 años de reclusión. La víctima vivía en la casa del matrimonio religioso que tiene seis hijos y todos participaban en la comunidad evangélica. “Hubo tocamiento, masturbaciones frente a ella y apoyo desde el primer momento”, aseguró Guadalupe Azcurra abogada de la víctima.

“Nosotros ya pedimos dos veces la detención por tratarse de una caratula pesada con posibilidades de una pena alta, y además en la primera indagatoria él no concurrió por lo que entendemos que hay un riesgo procesal”, declaró Azcurra.

La abogada puso el foco en el “criterio del juzgado” para no ordenar la detención, ya que consideran que «hay hechos menores dentro de la escala de delitos donde incluso por amenazas se ordena la detención y acá todavía no, es incierto el porqué. Nosotros queremos que espere el proceso privado de la libertad”.

Desde que salió a la luz la denuncia de A. surgieron nuevos relatos de chicas que aseguran haber vivido la misma situación cuando asistían a la iglesia de los Cáceres. “Esas chicas se pusieron en contacto con A. pero todavía no se animan a hacer la denuncia judicial, sabemos que en muchas casos eso lleva su tiempo pero pensamos que pueden hacerlo”, señaló la abogada.

“Acá el relato de ella vale y es fundamental, son delitos donde no hay más testigos que la propia víctima porque se cometen en el ámbito de la intimidad, y el abusador sabe cómo actuar y lo hizo siempre en lugares donde A.M. no tenía posibilidad alguna de auxilio”, enfatizó Azcurra.

SANAR

Sin especificar el nombre de su primo en agosto de este año, antes de realizar la denuncia judicial, la joven publicó todo lo vivido en su cuenta de la red social Facebook para empezar a visibilizar el dolor contenido. “Estuve muy mal, me la pasaba llorando y me bañaba 10 veces por día para quitarme su olor, incluso intenté suicidarme. Me di cuenta que yo quería ayudar a otras mujeres que vivían estas situaciones y no era capaz de ayudarme a m misma. Hasta que fui a una psicóloga y empecé a entender que no había sido culpa mía y que debía hablar”, relata.

A.M. cuenta que empezó a investigar y se dio cuenta que los abusos en el seno familiar eran muy frecuentes «y cuando suceden en el ámbito de la iglesia es peor», sintió.

Luego de aquella primera declaración pública su primo la buscó donde ella cursa sus estudios terciarios: “Intentó sacarme y llevarme por la fuerza, me dijo que por qué le hacia eso, que él no se lo merecía, que tenía una esposa y hasta me ofreció pagarme un viaje a Chaco para hacer un retiro espiritual. Me amenzó”.

La mirada de la comunidad evangélica fue implacable: «Tuve que soportar el desprecio de la familia pastoral porque ellos se encargaron de hablar mal de mi, fueron pocos los que me creyeron y se fueron de ahí cuando se enteraron».

El presunto abusador es además docente de música en dos escuelas primarias de la Capital. La abogada entiende que en el entorno de Cáceres hay varias personas que también podrían ser juzgadas por el delito de encubrimiento.

El del Centro Cristiano no es un hecho aislado dentro de la comunidad evangélica. Los abuso de los pastores evangélicos tienen características similares a los cometidos por curas católicos: se establecen relaciones de confianza predicando la palabra bíblica y la fe, para luego usar esa relación desigual de poder y prestigio, avanzando en la vulnerabilidad de niñas, niños o adolescentes. También acá es común la protección o naturalización dentro de esas comunidades.

«Muchos me dijeron que yo era usada por el diablo para dividir la iglesia, y que estaba buscando sacarles plata. No me interesa nada de eso, solo pienso que si lo hizo conmigo que era como su hermana puede haberlo hecho con muchas, yo solo quiero que pague por lo que hizo y vaya preso».