La Justicia riojana empezó a juzgar a Patricio Pioli por los delitos de coacción y lesiones leves, en un caso que puso en escena la violencia de género a través de las tecnologías digitales. El imputado deberá transitar el juicio con prisión domiciliaria, mientras el movimiento feminista y parte de la sociedad espera una condena ejemplar en contra de quien habría difundido sin consentimiento material íntimo de su ex pareja. Detalles del proceso judicial que ya sienta un precedente social y legal.


Estrés postraumático. Ese fue el diagnóstico que acreditó el psiquiatra Antonio Luna frente al juez Jorge Chamía, cuando lo interrogaron sobre el estado psíquico de su paciente Paula Sánchez Frega, la víctima.

Con ese testimonio clave la Cámara Tercera en lo Criminal y Correccional de La Rioja, presidida por Chamía, empezó a juzgar el jueves último a Patricio Pioli en un proceso que significa más que la posible condena por delitos frecuentes en los tribunales. Las conductas que se le imputan a Pioli vienen a poner en debate una nueva modalidad utilizada para lesionar y violentar la intimidad y privacidad, en este caso por razones de género.

Una de las primeras acciones que resolvió el magistrado al iniciar la audiencia fue el pedido de la querella para que se le revoque la excarcelación a Pioli, beneficio que tiene desde el 2017 otorgado por el entonces juez de Instrucción Gustavo Farias. El pedido estaba fundado en la violación a la disposición que le impedía salir de la provincia sin autorización judicial: entre el 15 y 17 de noviembre estuvo participando de la Convención Tatto San Juan en la provincia cuyana, y esto fue acreditado por el querellante con material público que se difundió en el Diario de Cuyo donde se veía al propio Pioli tatuando.

“No sabemos cuál fue el criterio del juez para determinar que vaya al domicilio y no a la unidad carcelaria, pero de cualquier modo es importante que se le haya revocado la excarcelación ya que si bien no es la primera vez que incumple esta medida, es la primera vez que podemos probarlo ampliamente”, declaró el abogado de la víctima, Sebastián Andrada, al finalizar la primera audiencia (la próxima será el martes 26 de noviembre).

Imágenes de Pioli publicadas en el Facebook «Convención San Juan»

Como era de esperar la defensa de Pioli encarnada en el polémico y mediático abogado Juan Carlos Pagotto cuestionó la decisión del magistrado acusando «persecución», «asimetría» y «vedetismo judicial», calificaciones provocadoras y desafiantes que mantuvo durante toda la audiencia, incluso cuando tuvo que interrogar a la propia víctima. La estrategia planteada por la defensa del acusado -que cambió varias veces de abogado-, es que le robaron su celular y no fue él quien difundió el material intimo.

VIOLENCIA DIGITAL

El juicio oral y público contra Pioli camina sobre dos marcos paralelos que se juntan en un caso que seguramente será bisagra. Uno es el legal, que juzga delitos ya tipificados en nuestro Código Penal (como las amenazas y lesiones). El otro social y cultural que si bien busca ser legislado, en la actualidad intenta visibilizar cómo el uso de las tecnologías se transformó en una arista más dentro de ese disciplinamiento, descalificación, desvalorización, desacreditación, degradación que afecta principalmente a las mujeres.

La primera en declarar durante la primera audiencia fue la propia víctima, una joven de 29 años que al momento de los hechos denunciados (mayo del 2017) acababa de terminar una relación de pareja con quien hoy está en el banquillo. Sanchez Frega ratificó todo lo que ya es de público conocimiento: se conocieron en el local donde él trabajaba cuando ella fue a tatuarse la muñeca en 2016. Allí empezaron una relación con convivencia que duró ocho meses, donde los cuatro primeros “fueron buenos”. Luego se convirtió en una “relación enfermiza” y empezaron los episodios de violencia: “maltrataba a mis animales porque sabía lo que significaban para mi. Me golpeaba y tiraba agua helada en la cara”.

Durante la declaración de ella Pioli no estuvo presente en la sala para resguardar su integridad, aunque escuchaba el relato desde una habitación contigua. La víctima contó que en la primera etapa de la relación confiaba en su novio y eso fue clave para acceder a la grabación del material sexual íntimo que él le propuso hacer con su celular. “Nunca consentí que se difunda, y esos videos siempre estuvieron únicamente en su teléfono”, sentenció la joven ante la requisitoria de los fiscales Andrea Moreno y Luis Gonzales Aguirre.

Lo que vino después en la relación fue puro tormento: cuando decidió dejarlo empezó a amenazarla con ese material. “Siempre que discutíamos me decía que lo iba a difundir y yo no lo dejaba porque tenía miedo”. Según la víctima Pioli fue más lejos y también la amenazó con ventilar un doloroso recuerdo de su infancia y efectivamente cumplió, hace unas semanas lo reveló en una entrevista radial que le hicieron.

“Hasta ese momento me llamaba varias veces, llegó a mandarme 100 mensajes por día y me pedía que volvamos. El día que se difundieron las imágenes dejó de hacerlo y nunca más me atendió el celular”, relató.

DAÑO

La defensa de la víctima aportó varios testigos a la causa que durante las próximas audiencias deberán sentarse en el banquillo frente al juez Jorge Chamía, entre ellos el psiquiatra de la joven que fue el único en prestar declaración hasta el momento. El testimonio del especialista fue elocuente y podría ser clave para acreditar las lesiones leves (daño a su salud mental), uno de los delitos por el cual se juzga a Pioli.

El psiquiatra Antonio Luna declaró en la primera audiencia

Antonio Sabino Luna dijo haber atendido a Sánchez Frega durante los últimos cuatro años aunque con un tratamiento irregular en el tiempo. Si bien la terapia comenzó por los trastornos del sueño y ansiedad de la joven, aseguró que el estres postraumático no tardó en aparecer al poco tiempo “¿La razones?”, preguntó la defensa al médico: “situaciones de maltrato, sufrimiento personal, social y familiar por la exposición a la que fue sometida” con la difusión del material de su vida íntima.

El reconocido especialista en psiquitría acreditó todo lo expuesto por la víctima: ella era amenazada por su ex pareja con la difusión de ese material y vivía episodios de violencia personal y sufría por el maltrato a su gato y perros. “Si alguien quiere dañar a una persona, nada más efectivo y certero que dañar a alguien que ama, como en este caso a sus animales”, respondió Luna al ser consultados sobre la angustia de la joven por la actitud de Pioli. Ante la requisitoria de los representantes de la Fsicalía Luna explicó con cuidadosa pedagogía el significado del estrés postraumatico: cuando una persona está expuesta intensamente a la violencia psicológica, su psiquis no puede “tramitarlo”, y luego lo ejemplificó con su propia paciente: “ella no quería salir de su casa para ir a la de su mamá que vivía a la vuelta. Esto le generó una limitación en su vida cotidiana y un daño severo a la salud”.

También el psiquiatra respondió las preguntas de la defensa de Pioli, que en todo momento intentó relacionar aquel trauma vivido por la víctima en la infancia con su estrés postraumático actual. Desestimó de manera categórica las presunciones de Pagotto sobre las “fábulas” de la joven, “jamás tuvo distorsión de la realidad”. Y casi en el final fue contundente cuando le consultaron sobre el comportamiento de Pioli para con su paciente: “sus conductas son propias de una personalidad psicopática, son personas con ausencia del sentimiento de culpa, coloca al otro como una cosa y esa persona solo es un medio para alcanzar un fin”.

PRECEDENTE

El juicio contra Patricio Pioli es seguido de cerca porque podría abrir camino, no solo a la mirada de una jurisprudencia con más perspectiva de género sino a la sanción de la normativa para condenar estas acciones.

Actualmente la difusión del material íntimo no consentido no es un delito en la legislación argentina aunque existen varias iniciativas para incluirlo, incluso impulsadas por el mismo gobierno que en unos días terminará su mandato.

“Es destacable que una acción judicial como esta se esté llevando a cabo fuera de Buenos Aires donde sí existe la normativa para este tipo de conductas dañosas (como contravenciones), y eso muestra que es una problemática que ocurre en todo el país”, asegura Marina Benítez Demtschenko, abogada especialista en Derecho Informático con Perspectiva de Género.

Para ella es “un precedente interesante a nivel social y cultural también, porque si bien hay que aclarar que el juicio en sí no es sobre difusión no consentida, tiene un impacto mucho más social que jurídico en sí. Acá la víctima va contra su agresor por amenazas agravadas y lesiones leves, pero esto trae a debate otra cosa que es instalar en la sociedad la gravedad que tiene la difusión no consentida en los términos que Pioli lo hizo”.

Este caso que explotó en los medios como la mal llamada “pornovenganza” también lleva a redefinir desde el lenguaje denominaciones que tienen una connotación cultural y social. “Por suerte hoy al menos causa algún tipo de observación y esto no pasaba antes, y acá voy a jactarme del trabajo que nosotras venimos haciendo desde el 2011, cuando señalamos que este término era incorrecto”, señala Benítez Demtschenko que es fundadora de Activismo Feminista Digital, una fundación que trabaja en el abordaje de temáticas relacionadas con las tecnologías de la información y comunicación en la vida de las mujeres.

“Sabemos que decir “pornovenganza” genera impacto, pero encierra una terminología machista en la que grabarse o generar material audiográfico o audiovisual en la intimidad estaría vinculándose con producir pornografía, cuando en realidad sabemos que la pornografía está destinada a que otras personas se estimulen sexualmente con ese material, y lo que hacemos en la intimidad no es para terceras personas sino para las que intervienen en esa situación específica y mientras estén de acuerdo”.

La abogada asegura que la idea de la venganza supone que “para que ese material salga de la órbita o esfera de la intimidad, la víctima tuvo que haber hecho algo. Es decir ´si yo lo saco de este espacio en el que decidiste dejarlo, es porque de alguna manera te lo mereces´. Supone castigar a quien lo produjo por alguna otra causa, utilizar ese material para su culpabilización. Tiene un montón de implicancias culturales espantosas que tenemos que animarnos a desterrar”.

LA NORMATIVA

En el 2017 y articulado con varias legisladoras y legisladores Activismo Feminista Digital presentó un proyecto de ley en la Cámara de Diputados de la Nación que prevé la modificación del Código Penal Argentino para incorporar tres conductas dañosas que se consideran propias de la violencia digital de género.

Esos delitos que se buscan penar son: 1) difusión no consentida de material intimo, 2) el acoso virtual (toda forma de persecución por medios digitales), y 3) el hackeo de redes sociales (acceso indebido a cuentas personales). La abogada señala la importancia que sean incorporados como parte de los «delitos contra la integridad sexual».

«Obviamente no son solamente pensadas para las mujeres, son conductas dañosas que corren en internet, pero nuestro proyecto contempla la perspectiva de genero y un conocimiento cabal de la problemática previendo la violencia de género como agravante», aclara Benítez Demtschenko.

«Proponemos -agrega- que la pena no sea igual si es contra un hombre. A una mujer nos afecta al ciento por ciento en nuestra vida, nos obliga renunciar a trabajos, cortar relaciones sociales, incluso nos hace tener riesgo en la integridad sexual por otros hombres que tengan ese contenido y vengan a generar en nosotras embates sexuales, es muy dañosa y afecta múltiples derechos que a un varón no».

La especialista hace hincapié en esta nueva forma de relacionarnos que obliga al Estado a legislar en la materia. «Hoy casi el 95 por ciento de las personas utilizamos las tecnologías también para vincularnos sexo-afectivamente, hacemos ejercicio de nuestra sexualidad digital incluso hasta en el intercambio de material por servicios de mensajería, lo que se conoce como sexting, y si bien pudo haber consentimiento en la generación del material, eso no implica que lo haya en la difusión».

AHORA QUE ESTAMOS JUNTAS

El último embate que intentó la defensa de Pioli mientras el psiquiatra de la víctima aún declaraba ante el juez, fue plantear como una «contradicción» que Sánchez Frega se «paseara» por los medios de comunicación pese a sufrir un estrés postraumático por la situación. Luna también tuvo una respuesta elocuente: «lo de ella es una actitud defensiva, terapéutica, que se da en personas que fueron dañadas. Se trata de una postura de lucha que se vive como reparatoria, una forma de buscar justicia que tiene alguien que fue damnificado, una forma de resarcimiento».

Ese día a la salida del Juzgado y custodiados por efectivos policiales un puñado de varones con bombos, identificados como integrantes de Los Pistoleros (la barra del club de fútbol riojano Tesorieri) «apoyaban» a Pioli con folletos e insultos a la víctima. Un día después de iniciado el juicio el propio Pioli publicaba en las historias de su cuenta personal de Instagram un video donde burlaba y desafíaba el arresto domiciliario en las rejas de su domicilio. No es la primera vez que se muestra impune y víctima del proceso judicial en su contra: no se lo mandó a sus amigxs, la publicó en una cuenta abierta a todo público como un mensaje a la sociedad.

Movimientos feministas y amigas acompañan a Sanchez Frega a la salida del Juzgado

Después de cuatro horas y tras declarar Paula salió a la calle donde la esperaban carteles, banderas y cantos de agrupaciones feministas y sus amigas, para decirle que no estaba sola.

Paula Sanchez Frega a la salida del Juzgado